Con unas cuantas horas de retraso, por fin se abre oficialmente la toma de datos de este Estudio. Si llevas una comunidad, si trabajas con una comunidad, estás cordialmente invitado a participar en ella (haciendo click aquí). Son apenas cinco minutos, como mucho, y los resultados merecen la pena.
¿Porqué lo se? Porque llevamos una semana probándola “bajo el radar”, y con los datos recogidos de los primeros participantes ya se pueden empezar a sacar conclusiones sorprendentes.
Pero empecemos por el principio.
Objetivos del Estudio
Si uno hace caso de los medios de comunicación masivos, en el último año, las “redes sociales” han pasado de ser un peligro para la infancia a una herramienta sin la que ningún profesional puede funcionar (y ningún joven divertirse). A lomos de esa percepción, las empresas por fin están prestando atención a toda la familia de “social media” que hay más allá de los blogs (que estuvieron de moda el año pasado).
Lo cierto es que, más allá de modas y epidemias mediáticas, Internet nos ha traído unas nuevas formas de comunicarnos y trabajar que son mucho más avanzadas que el email y la página estática. En torno a esos medios se han formado no sólo redes, sino comunidades: conversaciones permanentes en el tiempo, cuyos participantes comparten intereses privados o fines profesionales.
Estas comunidades tienen a su vez la capacidad de generar un impacto muy serio en la actividad productiva (económica o no). En muchos aspectos, entre ellos:












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