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Español, Gestión del conocimiento, Gestión e innovación

La diferencia entre “valor” y “propiedad intelectual”

En España (y más lejos) abunda la opinión de que la “gestión del conocimiento” consiste principalmente en medir y fomentar la creación de propiedad intelectual, entendida como patentes y otra obra registrada. Presuntamente, así esa propiedad se convierte en un activo valorable (mediante complejas fórmulas patentadas), y tiene un valor que aportar al balance de la empresa.

Ayer estaba escuchando (casi por error) un podcast de BusinessWeek en el que hablaban de Intellectual Ventures, la empresa de Nathan Myhrvold, ex guru de software de Microsoft. La esencia de la empresa es desarrollar y comprar patentes en áreas de interés de la industria… y licenciarlas. A primera vista parece una vindicación de las ideas del primer párrafo, pero parémonos a pensarlo mejor.

Intellectual Ventures se creó porque Myhrvold veía con frecuencia (en Microsoft, y en el resto de esa industria) cómo las empresas ignoraban la propiedad intelectual de las demás a menos que tuvieran la necesidad de respetarla (i.e. licenciar y pagar por la licencia). Esa necesidad sólo aparecía cuando la empresa “robada” tenía el tiempo, el dinero y el aviso necesarios para demandar a la “ladrona”… y aguantar el proceso.

En EEUU (y más cerca) abundan las empresas con propiedad intelectual registrada y no utilizada, pero tampoco licenciada a terceros. Lo normal es que esas empresas ni sepan ni intenten rentabilizar esa propiedad: no existe mercado para ello, y como hemos visto, no es tan sencillo obligar a pagar a los infractores. Para una empresa normal (es decir, casi cualquiera que no tenga una unidad de i+D especializada, con departamento legal asociado, y mucho volumen de negocio), la propiedad intelectual de ése tipo no tiene el valor que debería, porque no puede cobrarse por ella.

Ese es el sentido de Intellectual Ventures. Una empresa de selección, captación y generación de patentes, una unidad de márketing para licenciarlas… y treinta abogados para defenderlas activamente en los tribunales. Y la idea es buena, puede ser rentable… porque las empresas normales no tienen mejor modo de sacar partido a sus patentes que vendiéndoselas a empresas especializadas en pelear por ellas. Es decir: les compensa venderlas por mucho menos de lo que podrían sacar si esa “propiedad intelectual” fuera real y estuviera protegida.

Así que la próxima vez que oigas que “la propiedad intelectual de la organización X vale…”, pregunta por lo que les cuesta defender ese valor frente a infractores. Y si te dicen que no se defiende, piensa que el valor real es muy distinto. Posiblemente, cero.

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