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Comunidades, Español

Troll provocateur: el ejemplo de Arzallus

En las últimas semanas me he cruzado muchas veces con el tema de los trolls, y he tenido ocasión de comentarlo en este blog (en uno de los casos, con la colaboración y comentarios de un buen ejemplar de la especie). Y cada vez me sorprende más ver con qué frecuencia esos comportamientos presuntamente propios de Internet se producen fuera de ella. Va a resultar que, como ya dijo alguien, todo está inventado.

Antes de nada dejemos algo claro. Este artículo no trata sobre ideología, ni siquiera sobre política. No voy a comentar las ideas o los valores o las estrategias electorales de Arzallus; no me interesan. Voy a hablar de gestión de tipos de comportamiento que se encuentran en las comunidades online y que afectan a su operación normal. Y lo que sigue se puede aplicar tanto a sus acciones como a la forma en que El Mundo presentó la entrevista.

Variedades de trolls

Los trolls son un fenómeno que existe en todas partes, pero que ha sido descrito principalmente a partir de la aparición de comunidades online donde el anonimato y la falta de autoridad facilitan que se produzca. En su formato básico (o “troll de campo”) se trata de personas que disfrutan entrando en un foro (u otro tipo de reunión virtual) y provocando a los presentes con afirmaciones que les hacen reaccionar de forma visceral, sea porque los comentarios son ofensivos, sea porque atentan contra su ideología, perspectiva u opción de vida (i.e. entrar en un foro de temática gay para decir que la adopción por parejas homosexuales evidentemente es mala porque priva a los niños de modelos completos de comportamiento). Los hay más bastos y más refinados, y los hay capaces de provocar una bronca masiva sin faltar a nadie ni incumplir las normas del juego.

Y los hay que se salen de este molde porque tienen características muy diferentes. El otro día señalaba por ejemplo la diferencia entre estos trolls de andar por casa y los “trolls de puente (*)” (aquellos que realmente son dañinos para la salud emocional y mental de sus víctimas, que llevan el acoso a límites criminales), o los “trolls de montaña (**)” (aquellos que investidos de una autoridad externa, académica o laboral, abusan de ella dentro de una comunidad donde todos se presumen iguales, actuando como trolls bajo el amparo de esa autoridad).

Agente provocador

Hay otros tipos de troll menos frecuentes pero igualmente importantes para la gestión de una comunidad. Uno de ellos es el cizañero, “troll provocateur (***)” o modelo Arzallus, que se distingue porque sus intentos de provocación están diseñados con el propósito específico de azuzar a un grupo contra otro, provocando un conflicto y al mismo tiempo el fortalecimiento de las señas de identidad que separan a los dos.

Este modo de actuación es especialmente común cuando se quiere separar a dos colectivos que normalmente cooperarían, y que inicialmente están mezclados. No es difícil. En cuanto se reúnen dos personas, ya hay cosas que a uno le parecen naturales (o razonables) y a otro le parecen repelentes (o inasumibles). Pueden ser perfectamente capaces de convivir y cooperar sin que el tema aflore, o incluso de tratarlo de forma razonable. Pero es un disparador emocional, y en ellos se apoyan los trolls de esta variedad.

El comportamiento básico de este troll es muy sencillo: se pulsa el disparador a conciencia. Se lanza el cebo a un grupo, y a continuación se corre a ocultarse bajo la bandera de otro. De este modo, se consigue que la reacción ofendida del primer grupo parezca un ataque al segundo. Si el troll es hábil, el ataque parecerá desproporcionado. Si el troll es un artista, lo único que quedará en la memoria colectiva será la reacción, y no la provocación. Digamos que, a diferencia de otros, este troll gana cuando pierde la pelea.

Hemos visto muchos casos parecidos. Gente que ha querido dividir a la comunidad Mac española en su propio beneficio y para ello ha pretendido desprestigiar al principal colectivo que la vertebra. Lo han hecho intentando convertirse en mártires, provocando reacciones airadas o aparentemente desproporcionadas de sus gestores mediante ataques que la mayoría no podía entender por falta de información.

O (en un contexto parecido) gente que ha querido construir su propio reducto temático especializado a partir de un colectivo más amplio, y para ello ha pretendido dar la sensación de que a los que compartían ese interés especializado se les maltrataba, perseguía o mangoneaba.

O (en el caso de Georgia) Putin ha armado a los milicianos osetios para que maten, quemen y acosen a los residentes georgianos de la provincia hasta que el gobierno georgiano ha reaccionado con violencia aparentemente excesiva, “legitimando” así tanto las ansias independentistas como la anexión rusa.

O esta semana, cuando Arzallus ha aprovechado una entrevista veraniega en el periódico El Mundo para decir una sarta gloriosa de dadaísmos, consiguiendo que los representantes del partido político al que más teme Arzallus entren al trapo como novatos, haciendo acusaciones que se recordarán durante mucho más tiempo que las salidas de tiesto del ex-seminarista. Porque para los votantes del PNV, Arzallus puede decir lo que sea y nunca estará mal (al pobre se le calienta la boca, qué le vamos a hacer… aunque si lo dijera en privado le dirían que se ha pasado ocho pueblos), pero un ataque contra Arzallus y sus argumentos se percibe como un ataque contra toda la sensibilidad nacionalista. Lo que ha dicho la portavoz del PP se les restregará por la cara a votantes y militantes durante años, sin que ninguno de ellos valore lo que las provocó.

¿Tiene cura?

Sí, tiene cura. Al menos en el terreno de las comunidades online, existen modos de tratar y contener los ataques de esta variedad de troll, siempre partiendo de que se les reconozca e identifique como tales y no simples trolls de campo.

En mi experiencia funciona mejor un método llamado “Hober Mallow“, que consiste en no hacer ni caso, cortar el agua y seguir con tu trabajo. La falta de reacción visible es el mayor golpe que se les puede dar. El troll cizañero pretende conseguir una reacción dramática que ofenda a un colectivo; nada más fácil que no dársela. Mantener la calma, señalar las incoherencias si hace falta, pero nunca levantar la voz ni dar municiones. Es mucho mejor dejar en ridículo al troll, demostrando que no viene el lobo.

Pero no olvidemos la segunda parte. Cortar el agua y trabajar significa defender en la práctica al colectivo que se representa. No ceder terreno. Buscar modos de eliminar los elementos que el troll usa para dividir. Cambiar las reglas del juego para que no puedan usarlas. Resolver, mejor que ellos, las necesidades del colectivo, de forma que no tengan a dónde guiar a sus hipotéticos seguidores.

En un sistema de foros puede significar rediseñarlo todo, cambiar a los moderadores, lanzar iniciativas, aceptar debates. Quitarles la alfombra bajo los pies, pero nunca jugar al juego que pretenden marcarnos.

En el caso de Arzallus… quién sabe. Pero no debería ser tan difícil usar el modelo de UPN (foralismo, respeto a la cultura e identidad locales sin perder el respeto ni a la ley ni al marco común de España, centroderecha responsable) para quitar el aire al PNV o encontrar terreno común. Plantear una ley orgánica de secesión territorial sólida. Señalar…

… pero no quiero hablar de política, en serio. Lo que me interesa señalar es la metodología que usa esta variedad de troll, llámese “troll cizañero” o “troll provocateur”. Porque existen, y cada comunidad seria se va a encontrar con más de uno, intentando dividirla para llevar el agua a su propio molino. Y la respuesta normal para parar a un troll tradicional no es la apropiada con ellos.

(*) Para los no familiarizados con la mitología pre-Tolkien, se supone que los trolls vivían bajo puentes, cobrando por su paso y devorando a quienes no podían pagar. Aunque hay más versiones.

(**) Para los no familiarizados con la fauna de Mundodisco (Terry Pratchett), se supone que los trolls de alta montaña piensan más deprisa y mejor que los que habitan en condiciones menos refrigeradas. Aunque también los hay del otro tipo.

(***) Un “agent provocateur” (galicismo que también usan los ingleses, creo que de origen napoleónico) era un infiltrado de la policía que incitaba a cometer un acto ilegal, para poder atrapar a la gente o disolver la manifestación. Posteriormente famosos por su uso en regímenes totalitarios para poder aplastar a la oposición una vez que se les hacía caer en la trampa. En la mayor parte del mundo civilizado ya no se acepta la evidencia recogida mediante provocación.

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