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Español, Gestión e innovación, Política

Juergen Donges en Pamplona, o las verdades del barquero

Juergen Donges, ex asesor de Helmut Kohl y Gerhardt Schroeder, académico, economista ordoliberal y cabeza del comité de sabios en la materia que asesora al actual gobierno alemán, ha estado hoy en Pamplona a invitación de un “think tank” local llamado Civismo. Sus anfitriones le han pedido que de sus opiniones sobre el euro y la situación económica actual ante un auditorio lleno de casi todo el público solvente en la materia de la ciudad (me consta que faltaba alguno y sobraba un par, pero la reunión era notable).

Y el señor Donges, en un castellano que envidiarían muchos salmantinos (nativo de Sevilla y casado con española, lo raro sería lo contrario), ha contado las verdades del barquero: las que son evidentes, insultantes, desmitificadoras y de sentido común. Las ha contado tan bien que a los cinco minutos encendí la grabadora, para cuando se me olviden.

Ha contado que el riesgo moral que significa saltarse los acuerdos de Maastricht (que decían que cada Estado era responsable de sus finanzas y no habría garantías), prometer que “no se dejará caer a nadie” y enarbolar recursos… es la mejor manera de que esos recursos no valgan para nada, porque los Estados – los políticos – dejan de temer los resultados de lo que están haciendo.

Ha contado que la prima de riesgo es la única manera conocida de controlar a los políticos (si lo hacen mal, se encienden los indicadores y además duele). Que responde al antiguo riesgo de tipo de cambio, porque los inversores están cubriéndose ante la posibilidad de que ese país salga del euro. Y que hace bien pocos años, España (y muchos países) se financiaban a mucho más que el 6 por ciento sin que nada se derrumbara.

Ha contado que del dicho (lo que anuncian estados como España e Italia) al hecho (los decretos y medidas que no sólo se dictan sino que se implementan) hay un trecho enorme. De las 600 sociedades públicas del Estado español, que han sido señaladas para su racionalización, se han cerrado seis (algo que otro día podría comentar más).

Ha dicho que ganar tiempo, como dicen hacer los líderes europeos con sus medidas progresivas y nunca claras, puede ser útil si se aprovecha. Como lo están aprovechando las instituciones financieras (bancos, aseguradoras) europeos para desinvertir en España, venderlo todo y salir corriendo. Ellos, y muchos españoles.

Ha dicho que permitir que los bancos españoles se financien al 1% en el Banco Central Europeo y compren deuda española a más del 4% es un buen negocio para ellos, pero muy poco útil para reanimar la economía española (si aplaudía mentalmente hasta aquí, en este punto, más).

Ha dicho que el riesgo es de los inversores (accionistas y bonistas), no de los contribuyentes. Que no todos los bancos son intocables ni hay que empeñarse en salvarlos a todos. Que el modelo irlandés ha demostrado que se puede corregir y salir de la crisis… y que los islandeses, que empezaron por poner a los responsables en el banquillo y siguieron por dejar quebrar los bancos culpables, han elegido la mejor opción. Sin mencionar que hace quince años los finlandeses estaban en suspensión de pagos y mírales ahora. Sin rescates. (Alguien debería explicarle que en España, casi todo el problema estaba en “bancos” prenacionalizados, las Cajas…).

Ha hablado de recortes y reformas, y del modo en que los recortes no deben empezar por el gasto productivo ni por las inversiones, esenciales para la competitividad, sino por el gasto improductivo… aunque éste tenga más propensión a manifestarse si lo tocan. Y que deben llegar a todo lo que no puede permitirse.

Se ha escandalizado del papel de los sindicatos en España y del hecho de que estén financiados por el Estado. Ellos, la patronal, y cualquier otro grupo de interés.

Ha hablado de los absurdos excesos de fragmentación del mercado español, de la necesidad de mejorar la educación, de los aspectos clave que sustentan la competitividad alemana, de decenas de temas más… ha hablado mucho y muy bien, con una amenidad notable y una autoridad moral a prueba de bomba. Y es que pocas veces se ha visto en la misma silla la formación, la experiencia y la perspectiva que traía el señor Donges.

Eso, y un nivel tal de candidez, en su sentido británico. Ha dicho las cosas como son, como todos sabemos que son, como muchos no quieren reconocer… y como algunos se empeñan en no aceptar. Lo sangrante es la cantidad de políticos que han caído en la trampa de ese “riesgo moral” y juegan a hacer lo que les beneficia a corto plazo a ellos. Y la cantidad de periodistas y otras variedades de cantamañanas que prefieren criticar a la Merkel antes que reconocer que en España sobran decenas de miles de empleos públicos, cargos políticos, subvenciones y proyectos ideologizados. Y faltan unas cuantas condenas.

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