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Español, Gestión e innovación, Política

¿Falta de cultura emprendedora? Falta de imprudentes.

Ayer tuve ocasión de charlar con una persona a la que admiro profesionalmente y respeto personalmente. Me contó algo que refleja otras experiencias recientes propias y de terceros.

Este amigo era hasta hace poco administrador de una empresa bastante grande, constituida como sociedad limitada. Ha dejado de serlo. Pero esa sociedad ha tenido un problema que se traduce en que Hacienda les reclama dinero, una cantidad no excesiva. Hacienda ha procedido contra los administradores, embargándoles la totalidad de sus bienes (muy por encima de la cantidad reclamada).

En España no tenemos el problema de EEUU, donde cuesta que los administradores se hagan responsables de su gestión y tienen que crear leyes nuevas para ello. Aquí, las “sociedades limitadas” sólo son limitadas si tienes menos de la mitad de las acciones y no eres administrador. En caso contrario, la “limitación” de la responsabilidad acaba siendo el 100% de tus bienes actuales y futuros.

¿Eso es bueno o malo? Todo es opinable… pero es lo que explica una gran diferencia entre culturas más emprendedoras y la nuestra. En Silicon Valley, que hayas fundado una empresa y haya fracasado es más un mérito que una mancha (has visto el lado más duro de emprender, léase que es frecuente fracasar). En España, fundar una empresa y que salga mal es más puñetero. Primero, porque es mucho más difícil liquidar y cerrarla (costes de despido que no tienen nada que ver con la libertad de EEUU, entre otras cosas) y segundo, porque como tropieces de verdad, pierdes hasta la camisa y vas a tener muy cuesta arriba volver a empezar.

Cuando se habla de innovación y de destrucción creativa hay que recordar no sólo a Schumpeter (que quebró una vez por avalar a un emprendedor, pasó décadas pagando, y no volvió a la actividad empresarial) sino a Clayton Christensen. Este fue de los primeros en acotar algunas reglas de juego que facilitan la experimentación y la innovación, pero no ha sido el último. En resumen, no se puede esperar que demasiada gente intente innovar si con ello arriesgan el empleo… y hasta la casa. El que innove, lo hará con gaseosa, y el rendimiento (y crecimiento) serán proporcionales.

Si queremos emprendimiento, tendremos que revisar las normas. Tendremos que facilitar el cierre y liquidación de experimentos que fracasan. Y tendremos que asegurar que el que emprende puede limitar, al menos razonablemente, el alcance de lo que arriesga.

Porque hay algo que tienen claro en Silicon Valley (o eso repite gente como Guy Kawasaki, que además de escribir libros de gestión amenos se dedica al capital riesgo). Normalmente, el que lo consigue es alguien que ha fracasado antes.

Aquí, esa persona no vuelve a estar fácilmente en condiciones de emprender. Corrijámoslo.

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