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Español, Gestión e innovación, Política

Recetas para salir de la crisis (II): préstamos mas caros

(Lo prometido es deuda, así que toca seguir diciendo cosas que parece que no se quieren oir. A diferencia de la de ayer, con esta pontificada al menos no corro el riesgo de cabrear a los amigos… espero :-)).

En el último Expansión, el presidente del Sabadell dice que el crédito ya se mueve pero no crecerá pronto porque las empresas y familias “tienen que desapalancarse” más. Hace unas semanas, uno de sus vicepresidentes contaba la otra cara de la misma moneda: los bancos ya están recapitalizados, tienen exceso de liquidez, les sobra dinero. Dinero que no son capaces de prestar, y ahí (decía ese caballero) está ahora el problema.

En concreto, el señor Echenique decía muy bien que las empresas que acuden a pedirles un préstamo son con demasiada frecuencia “frágiles”. Sus perspectivas no están completamente claras. La crisis es lo que tiene. Y claro, el banco no abre la bolsa. Es más rentable dedicar el dinero a otras cosas.

Al mismo tiempo, las financieras de crédito al consumo se están poniendo las botas. Porque están haciendo algo que los bancos españoles parecen haber olvidado en las últimas décadas: gestionar el riesgo.

2. Poned precio al dinero, pero dejadlo circular

Cuando terminé la mili, a finales del siglo pasado, en España las hipotecas se cobraban al 14% o más. Lo sé porque las vendí, fue mi primer empleo. El crédito al consumo era más caro. El circulante para empresas se miraba con mucho cuidado (balances, personas, negocio: recuerdo cómo radiografiamos a un distribuidor de coches en Coslada que tampoco pedía tanto). Y sorprendentemente, la economía funcionaba.

Digo “sorprendentemente” porque es curioso lo mucho que se cita la posibilidad de un “encarecimiento del crédito” como riesgo para la economía. Y un cuerno. El problema no es que el dinero sea caro, es que no se preste. Hace tiempo que la banca ha llegado a depender de sistemas de análisis del riesgo de créditos (“scoring”) simplificadores, que si bien permiten normalizar las decisiones, parece que se plantan ante todo lo que se salga de una empresa o familia que (como dice el tópico) realmente no necesita el préstamo.

Cuando era un imberbe consultor de riesgos en CP Consultores aprendí que el riesgo no está para evitarlo, sino para cobrarlo y provisionarlo. Por supuesto que hay que gestionarlo bien, asegurándose de que el cliente te cuenta la verdad y tiene los ingresos que dice, analizando sus perspectivas tanto como su trayectoria (algo más complejo que pedir papeles para un scoring), puliendo el recobro. Pero los préstamos se llaman riesgos por algo: porque no existe la certeza de cobrarlos.

Lo que ha hecho la banca toda la vida es ponerle precio a ese riesgo, y hacer estadísticas. Si calculo que la probabilidad de impago de este tipo de perfiles es de x, tengo que provisionar tanto… y además tengo que cobrar mi dinero a un tipo de interés que compense los fallidos esperados. Un préstamo que apenas supone riesgo (lo que se asumía hace unos años) puede ser muy barato. Un préstamo a día de hoy tendría que ser más caro, lo que implica actualizar los modelos de riesgo, y trabajar en analizar los casos.

En lugar de eso, lo que nos estamos encontrando es que el precio (teórico) del dinero ha subido relativamente poco entre el 2003 y el 2013. Particulares consumo: del 8,24% al 8,96%; empresas no financieras, del 4,77% al 5,14%, de acuerdo con el INE.

Los bancos no han encarecido el crédito con el empeoramiento de las perspectivas, pero que para que te den un préstamo (como empresa) tienes que poner encima de la mesa garantías de valor superior al valor del préstamo (y las tasaciones han pasado de espídicamente optimistas a sangrantemente pesimistas). O, si estás montando una startup, se pide el aval personal del empresario (es decir, monta una sociedad limitada para controlar lo que arriesgas, y luego garantízala con todos tus bienes presentes y futuros).

Luego dicen (se lo he oído) que no es que no den préstamos, es que no hay tantas solicitudes. Lo que no hay es quien pueda asumir esas condiciones. ¿Voy a pedir financiación para aguantar unos meses más sin despedir a esos tres trabajadores? ¿O para crear un par de decenas de empleos y abordar una oportunidad nueva? Si la garantía que me pides no es sobre la empresa, sino sobre mi casa, me da que no.

Dinero hay, porque lo pone el BEI o el ICO o (anunciándolo a bombo y platillo) el propio banco. Lo que no hay es la capacidad de analizar los riesgos y ponerles un precio rentable y sensato. El BEI y el ICO ponen su dinero a disposición de las empresas, pero sólo si las empresas pasan el “scoring” de los bancos. Y los bancos están usando un “scoring” pensado para hace diez años, y lo usan con muchísimo miedo.

Lo que necesitamos las empresas (y me incluyo) y los particulares no es dinero barato. Si la ocasión de negocio es buena, se puede asumir un coste financiero razonable. Lo que necesitamos es dinero real a un precio que compense pedirlo. Es que un banco sea capaz de analizar un plan de negocio, un mercado, un equipo y una trayectoria, y con ello sepa valorar el riesgo, y decir: “De acuerdo, pero con este perfil te voy a cobrar el 14% anual y me pasas la gestión de nóminas”. O más. O menos. Pero sin asociarlo a garantías y condiciones que hagan que cualquier negocio sea ruinoso o mortalmente arriesgado.

Mientras sigan soñando con eliminar el riesgo a base de exigir más y más garantías colaterales, ni harán negocio, ni lo hará nadie. Uno diría que han aprendido algo del fiasco de las hipotecas, pero parece que (aún) no. Y reeducar a sus sistemas y comerciales, y rehacer sus procesos de riesgos, les va a costar.

Hacer arbitraje con dinero europeo y deuda española, o reducir balance y plantilla, o incluso comprar carteras de crédito de las cajas, son cosas dramáticas a la par que mucho más sencillas que pararse a pensar en lo que debería ser su negocio.

Esperemos que empiecen a hacerlo pronto. Las empresas no se van a desapalancar nunca si no hay circulante para respirar, generar negocio, amortizar deuda. A día de hoy siguen cayendo empresas cuyo único problema es de liquidez, porque ya no pueden licuar más activos y los bancos españoles aún son incapaces de hacer los números y poner precio al riesgo.

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