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Comunidades, Español

Obra común, ignorancia, y el caso del usuario que escondía su nombre

Estos días he tenido el privilegio de ver (ya que no he tomado parte directa) un intercambio de mensajes entre uno de los administradores de Macuarium y un ex usuario. El caso ha sido ilustrativo de varias cosas.

La persona que nos escribía es socio de una PYME española. Como usuario, fue de la variedad “parásito” más desagradable. Hace un año y pico, compró un equipo de Apple que no le funcionó bien. Se dedicó a recorrer foros y páginas poniendo a caer de un burro al fabricante e incluso intentando involucrar a nuestra comunidad en un boicot formal, con recogida de firmas de protesta y otras maniobras. Lo hizo bastante mal, tanto en modos como en técnica (y dejando datos personales por todas partes). No le seguimos la corriente: aquí no hacemos listas negras. Le remitimos a Consumo y a la justicia, o a montarse un blog por su cuenta.

De todo aquello ya no queda mucho en público. Lógicamente, retiramos aquellos mensajes que eran insultantes o difamatorios, y eliminamos sus datos personales puestos en público. Tendemos a cuidar bastante esos detalles. Se borra poco, pero se recoge mucho: todo lo que escribió está bien guardado.

Sin embargo, a día de hoy, el personaje está (dice) intentando negociar con Apple para crear “contenidos para el iPhone”. Y le ha entrado la necesidad de limpiar su expediente, para lo que pretende eliminar de todas las webs los rastros de su campaña de críticas y descrédito. No voy a opinar sobre la misión ni sobre los motivos. Pero lo que pasó a continuación ilustra algunas cosas.

El personaje insistió en la eliminación de todos sus mensajes. Se le dijo que dichos mensajes forman parte de una obra común (conversaciones entre muchas personas, mensajes interdependientes), y que no íbamos a mutilar los temas sin un motivo serio (como infracciones a la ley o a la norma). Además, sus palabras están citadas en decenas de otros mensajes (con su nick incluído) de modo que estaríamos hablando de alterar mensajes de terceros sin una buena razón.

Le dijimos que el modo de hacer las cosas eficazmente no es intentar eliminar la historia, sino completarla (ya que decía que la causa de su enfado había sido corregida). Pero no quiso.

Finalmente, le ofrecimos cambiarle el nick para distanciarle de los comentarios que ha hecho. Algo que no va a separar el nick original (el nombre de su empresa) de los comentarios que quedan publicados en la web, ni los va a quitar de Google.

Cosas curiosas

Lo primero que resulta curioso es que una persona, que aparentemente vive (en parte al menos) de crear páginas web, confunda de esta manera la autoría de un texto aislado (algo que quizá podría reclamar como exclusivamente suyo) con la participación en una conversación pública, que no tiene ningún derecho legal o moral a mutilar. Hay mucha gente que no entiende lo que significa participar en medios sociales, y específicamente en foros.

Por no mencionar la forma de usar el nombre de su empresa como nick en un foro público, o la forma de dejar por todas partes datos personales (que en su día hubo que limpiar). Por desgracia sigue siendo frecuente tener que avisar a alguien de que va dejando información sensible a la vista de todos. Este sujeto, en concreto, sigue teniendo hasta su teléfono en público en otras webs.

O la poca conciencia que tuvo de que lo que se escribe en Internet no se puede eliminar del todo: demasiadas veces sigue flotando, citado o copiado, haga uno lo que haga. Hacer algo online es hacerlo “en público” como nunca antes en la historia, y la importancia de actuar de un modo que se pueda asumir dentro de unos años es mucho mayor de lo que algunos comprenden. Esto no se limita a las gamberradas de Facebook: lo que se publica en blogs y foros tiene la misma capacidad de perseguirnos.

Y lo que más nos sorprendió: la forma en que algunos usuarios, con frecuencia mayores (aunque hay personas mayores más que competentes en este terreno), piensan que los recursos online están puestos por el Ayuntamiento, obligados a servirles y a hacerlo a la velocidad de un buen maître. Teniendo en cuenta la frecuencia con la que estos servicios son recursos gratuitos en los que el soporte o bien es corporativo (y brilla por su ausencia) o es voluntario (y no se puede exigir) llama la atención que la cultura de exigencia siga tan difundida.

En conclusión

En toda esta experiencia, los voluntarios colaboradores de Macuarium han protegido a ese usuario de sus propios errores y temeridades, le han evitado problemas legales, han limpiado sus datos personales del ámbito público, han protegido conversaciones técnicas de la mutilación…

… y su recompensa es saber que han hecho las cosas bien. Porque lo que es ese usuario, evidentemente, no sólo no lo ha agradecido sino que se ha ido echando pestes y amenazas.

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